
Raphael Rafi Eitan, ex jefe de operaciones del Mossad
Por Ruben Weinsteiner
Su nombre es una leyenda entre los espías de todo el mundo. Durante treinta años fue jefe de operaciones del Mossad, uno de los servicios secretos mejor aceitados de Occidente.
La acción de comando por la que pasará a la Historia fue el secuestro (él lo llama "captura") del nazi Eichmann. Hoy, según dice, es un hombre de negocios que vive retirado de la primera línea.
Por su aspecto de abuelo , nadie diría que ha sido uno de los agentes secretos más emblemáticos de la segunda mitad del siglo XX. Él, irónicamente, pide disculpas: "Lo siento, me he olvidado a la rubia y el martini". Antes de empezar, advierte, ya sin ironía: "Me reservo el derecho a contestar tus preguntas".
Pregunta: Recientemente, se ha celebrado el 60 aniversario de los juicios de Núremberg. ¿Fue la operación de secuestro del jerarca nazi Adolf Eichmann, comandada por usted, una continuación de estos juicios?
Respuesta: Antes de nada, nosotros no secuestramos a Eichmann en Argentina: lo capturamos. Cuando el primer ministro de Israel, David Ben Gurion, nos encomendó la misión, no nos dio un nombre concreto. La idea era capturar a uno de los responsables del Holocausto y llevarlo a Israel para que fuera juzgado. Así, el mundo conocería la tragedia de los campos de exterminio nazis. Manejábamos varios nombres: Martin Bormann, secretario de Hitler, del que después de la entrada de los aliados en Berlín nunca más se supo; el doctor Mengele, también desaparecido después de la Guerra, y cuyo cuerpo sin vida aparecería años después en Brasil; Müller, oficial de las SS también desaparecido; y Adolf Eichmann. Fue de éste del primero del que tuvimos noticia. Tras capturarlo, llevarlo a Israel y ser juzgado, consideramos que la misión estaba cumplida. Cuando, después de Eichmann, teníamos noticia de un nazi, nos poníamos en contacto con las autoridades del país y les pedíamos que tomaran medidas contra él.
P: ¿Es ésa la razón por la que oficiales como Otto Skorzeny llevaron una vida normal después de la guerra?
R: El de Skorzeny es un caso distinto al de Eichmann. Skorzeny no estuvo implicado en el asesinato masivo de judíos, gitanos o polacos. Por tanto, nunca quisimos capturarlo. Skorzeny fue un militar. Además, en cierto modo, Skorzeny nos fue útil.
P: ¿Qué quiere decir?
R: En los sesenta nos llegó una información de unos nazis alemanes en Egipto que estaban colaborando con el ejército egipcio en la fabricación de misiles. Algunos de estos hombres habían estado bajo las órdenes de Skorzeny durante la guerra. Así que contactamos con él para que nos ayudara, y puedo decir que lo hizo durante un par de años. Yo mismo me entrevisté una vez con él, aquí en Madrid. Era un hombre alto, fuerte, altamente inteligente, y su inglés era fluido. Él liberó a Mussolini del Gran Sasso, y yo capturé a Eichmann en Argentina, así que intercambiamos tácticas de comando. Fue, para mí, una gran experiencia. Pero nunca fue un verdadero agente del Mossad, sí un colaborador.
P: ¿Confiaba los servicios secretos israelíes de un oficial del ejército nazi?
R: Antes de contactar a Skorzeny, algunos de mis hombres tuvieron dudas. Yo los convencí diciendo que no me cabía duda de que Skorzeny colaboraría con nosotros a cambio de que lo dejáramos tranquilo.
P: Tras los atentados del 11-M, se comentó la posibilidad de que en la preparación de los mismos participasen servicios secretos extranjeros. Usted fue jefe de operaciones del Mossad durante treinta años. ¿Cree capaz a algún servicio de inteligencia de organizar una masacre así y atribuírsela a terroristas?
R: Como bien saben, soy un hombre de negocios, retirado del espionaje hace años. Todo lo que sé del 11-M lo sé por los periódicos. Mis noticias son que fue cosa de terroristas marroquíes relacionados con Al Qaeda. El objetivo de Al Qaeda es sembrar el caos, ya sea en Buenos Aires, Madrid, en Londres o en Rabat. Si analizamos cómo trabajan los fundamentalistas islámicos, llegamos a la conclusión de que Al Qaeda se organiza en múltiples células autónomas.
Cada cierto tiempo, la cúpula sale en una televisión árabe, lanza un mensaje y eso basta para que cada célula decida qué pasos ha de dar. Los atentados de Madrid fueron para sacar a las tropas españolas de Irak. Y lo consiguieron, lo que no significa que Al Qaeda no vuelva a actuar en Madrid. De lo que sí estoy convencido es de que no hubo una conexión real entre Bin Laden y los terroristas.
P: Pero ¿pudieron participar servicios secretos extranjeros?
R: ¿Con qué fin?
P: Con el de cambiar un Gobierno.
R: No los servicios de inteligencia de un Estado democrático. Te voy a decir algo: hoy, en las democracias occidentales, no hay secretos. Todo lo que se hace en las, llamémoslas así, tinieblas termina, tarde o temprano, saliendo a la luz. Por eso, ningún Gobierno puede actuar al margen de la ley sin correr ese riesgo. Basta con que alguien con ganas de hablar acuda con una historia a un periodista. Ahí está el caso Watergate. Hablo de Gobiernos democráticos, no de Corea del Norte o de Irán.
P: ¿Son estos dos países una amenaza para Occidente?
R: Corea del Norte no, por sus vecinos. Por un lado, tiene a China, que por intereses comerciales necesita de Occidente. Luego están Japón y Corea del Sur. En mi opinión, tarde o temprano, la situación geopolítica terminará obligando a Corea del Norte a someterse a las leyes internacionales.
Irán es diferente, ya que está gobernado por fundamentalistas. No obstante, tengo amigos en Irán que me dicen que las jóvenes generaciones no están por el fundamentalismo y que, en un plazo de diez años, terminarán desbancándolo. Pero, claro, puede pasar que, de aquí a diez años, Irán desarrolle programas de armamento nuclear que caigan en manos de Al Qaeda.
P: ¿Qué opinión le merece la retirada de Gaza?
R: En un futuro cercano, es imposible llegar a cualquier tipo de acuerdo entre israelíes y palestinos, pero no porque nos opongamos nosotros, sino por ellos. Por tanto, la única solución es la separación. De esta forma, los territorios poblados mayoritariamente por israelíes serían para nosotros, y los que lo sean por los palestinos, para ellos. Deberíamos conservar, claro, algunos enclaves estratégicos, como el valle del Jordán. Luego, construir una muralla como la china. Y que los palestinos hagan lo que quieran.
P: Ud. dijo que es un hombre de negocios, retirado del servicio activo. ¿Deja un operador alguna vez de ser espía, más cuando se han tenido tan altas responsabilidades?
R: Hace unas semanas, en Rusia, agentes de la FSB (antes KGB) me preguntaron lo mismo. "¿Cómo puede decir que ya no es espía? ¡Un espía siempre es un espía!" Depende. Hace poco participé en un ciclo de conferencias sobre antiterrorismo en la India. Quiero decir con esto que sigo vinculado a los servicios secretos de forma académica, pero no operativa. Tené en cuenta mi edad, tengo 79 años.
P: ¿Para quién trabaja un espía, para un Estado o para un Gobierno?
R: Bueno, en un Estado democrático el Gobierno es su representante. Pero te repito que a los servicios secretos les es difícil actuar al margen de la ley. Imaginen que soy el jefe de unos servicios secretos y que llevo a cabo una operación que beneficia al partido del Gobierno y perjudica al de la oposición. Al cabo de unos años, cuando el partido de la oposición llegue al Gobierno y el del Gobierno vuelva a la oposición, el primero tomará medidas contra mí. Puedo decirle que, al menos en Israel, ningún acto de espionaje, militar o de Gobierno, queda fuera de la acción de los tribunales.
P: ¿Le da alguna credibilidad a las teorías de la conspiración que hablan de Gobiernos en la sombra tutelados por el club Bildelberg o la masonería?
R: Nunca he tenido relación con esas sociedades. Pero yo hablo de Gobiernos, y por lo que sé,
esas sociedades son privadas.
P: ¿Es el trabajo de espía tan romántico como lo pintan en las películas y en las novelas?
R: Se viven situaciones de tensión, de riesgo, que no se viven en la vida civil. Lo cual no significa que la vida civil no tenga también su encanto.
P: ¿Duerme bien por las noches o hay algún recuerdo que le quite el sueño?
R: Duermo bien ahora y dormía bien hace treinta años, gracias.
P: ¿Esa cicatriz en el labio se la hizo en alguna operación de comando?
R: No, es el resultado de un accidente doméstico y de lo malo que era el cirujano plástico que me operó.